Repunte, la tragedia en el mar que sentó jurisprudencia social

Gabriela Sánchez, hermana del capitán del Repunte y su hija, Antonella, en la banquina del puerto marplatense.

Las familias de la tripulación instalaron a nivel nacional la problemática de los hundimientos. Hace 24 meses luchan e investigan para que el naufragio sea el primero en llegar a un juicio y tenga responsables y condenados.

El 17 de junio de 2017, Mar del Plata despertaba con la noticia del hundimiento del Repunte, un pesquero de más de 50 años de antigüedad que partió con 12 tripulantes a bordo y naufragó en medio de un fuerte temporal frente a las costas de Rawson mientras operaba en la pesca de langostino, un millonario negocio conocido como “la fiebre del oro rojo” por sus exorbitantes ganancias.

Hasta ese momento, los hundimientos no configuraban un problema. Pasaban, “no estaban problematizados”. Lo cierto es que hubo 44 naufragios en menos de 20 años y que murieron más de cien trabajadores. Hasta el Repunte, las tragedias en el mar se atribuían a una mala maniobra, una falla humana o el clima, pero fueron ellas, las hermanas, madres e hijas de los diez tripulantes que fallecieron ese 17 de junio, quienes con una lucha tan organizada como imprevista, lograron poner a los hundimientos en la agenda nacional, sentando jurisprudencia social con una lucha motivada por el dolor que se encamina a marcar también un valiosísimo antecedente legal que abraza a todas las tragedias marítimas: el Repunte podría ser el primer hundimiento en llegar a juicio y tener responsables.

Hoy se cumple el segundo aniversario. En 24 meses las mujeres del Repunte jamás dejaron de marchar, de alzar las banderas de “Ningún Hundimiento Más”, la multisectorial que crearon para decirle basta a las tragedias en el mar; jamás dejaron de denunciar la avaricia, la insensibilidad, la negligencia y la corrupción en la industria.

Es el Día del Padre, un apagón dejó sin luz a todo el país, el viento corta la cara, hay alerta meteorológico y ella igual está ahí, en el puerto, para hablar de los 24 meses de lucha con LA CAPITAL.

Gabriela Sánchez es la hermana del capitán del Repunte, Gustavo Sánchez. No paró un solo día desde aquel 17 de junio. Ni uno solo. Del llanto a las preguntas, de la tristeza a una desenfrenada búsqueda de información, de no poder dormir a pintar una bandera para salir a la calle, de estudiar la sociología de las religiones a cambiar su tesis doctoral para investigar la complicidad entre el sector público y el privado en la pesca, de no callarse hasta ser escuchada por el Presidente de la Nación, la gobernadora y el Congreso; se metió de lleno contra la corrupción de la industria pesquera y le dio impulso al proyecto para renovar la flota y los permisos de pesca; un camino de ida con destino incierto en el que nada volvió a ser igual que antes.

“Estos 24 meses mi vida cambió por completo”, dijo al reunirse con LA CAPITAL en la banquina para repasar lo que juntas, las mujeres del Repunte, empezaron a cambiar desde la tragedia que dejó un vacío irreversible en diez familias que, unidas, luchan contra viento marea, burocracia y corrupción, mafias y poder.

Gabriela sabe que “nada de lo que se haga” le devolverá a su hermano. Todas las mujeres del Repunte lo saben. Pero están dispuestas a soportar el desgaste, el frío en las marchas, los desmedidos tiempos de investigación y las insólitas respuestas de algunos funcionarios (como la que le dio el intendente Carlos Arroyo cinco días después de la tragedia: “¿Y yo qué tengo que ver con el Puerto?”, les dijo cuando le llevaron un petitorio) para encontrar justicia y evitar más tragedias.

Es que el del Repunte podría ser el primer hundimiento en llegar a un juicio, a tener imputados, responsables y condenados. “Va a ser un antecedente y va a sentar precedentes, jurisprudencia”, sostuvo Gabriela Sánchez, quien afirmó que en función de la prueba que reunieron en estos dos años, la familia del armador Caputo, el Consejo Federal Pesquero, el Simape y Prefectura “van a tener que sentarse y dar cuenta de sus acciones ante la Justicia” porque “cada uno tuvo un rol por acción u omisión en el hundimiento del Repunte; estoy convencida”.

Las familias creen en la justicia. Mejor dicho, quieren -o necesitan- creer en el Poder Judicial. “Fuimos las primeras familias en presentarnos como querellantes. Nunca antes se habían presentado todas las familias unidas. Es un antes y un después, pero pagamos el precio más alto. Queremos que no vuelva a pasar, para no ser cómplices. Si me callara todo lo que sé, sería cómplice por omisión y no queremos serlo”, siguió Gabriela.

Salir a la calle, a pulmón

La mañana que se hundió el Repunte, la esposa del capitán no encontraba consuelo ni explicación. Todo era llanto, oscuridad, bronca y desconcierto. Dolor, vacío. “El segundo día pensé que me volvía loca. Estaba en la casa de mi mamá, desesperada. Sentía que la cabeza se me iba, que había algo animal de un lado, con gritos y aullidos; me preguntaba ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hasta que mi mamá, que acababa de perder a su hijo, me miró y me dijo ‘mejor pregúntate ¿para qué?’… ahí algo cambió”, confió.

El buque se había hundido y solo dos tripulantes habían sobrevivido: sus testimonios fueron, son y serán clave. Pero entonces “había que salir a la calle”, a reclamar justicia, a gritar, a denunciar que “Prefectura los dejó tirados y no salió a buscarlos a tiempo”, a decir que “el barco no estaba en condiciones” (luego sabrían que los soldadores apenas lograron soldar al Repunte por su mal estado), a exponer los “manejes que hay con los permisos de pesca” para no quedar afuera de la “fiebre del oro rojo”, el langostino.

Gabriela no dormía. Pasaba horas frente a la computadora, desvelada, leyendo sin horarios, y ahí empezó a trabajar su formación como socióloga y su condición de investigadora.

“La primera vez que salimos a la calle, Soledad llevó una Bandera Argentina. No sabíamos a dónde ir, qué hacer, qué decir. La primera vez fuimos a la Pastoral Social, adonde había venido (María Eugenia) Vidal. Yo no sabía ni quién venía. No pensé. Solo pensé en que iba a haber medios nacionales y que podíamos nacionalizarlo”.

La primera marcha en el Puerto, pensaron en armar una bandera. ¿Con qué tela? ¿Con qué mensaje? No estaban preparadas. Nadie lo estaría. “Me acordé enseguida del #NiUnaMenos y le dije a mi hija ponele ‘Ningún Hundimiento Más’, porque es eso”, recordó.

En otra oportunidad, cuando Vidal y el ministro de Transporte Guillermo Dietrich vinieron a la ciudad a inaugurar el nuevo servicio de tenes, Gabriela se “coló”.

“Tenía que estar, me hice pasar por la asesora de un concejal y me les planté con el cartel. Los de la Uocra no me dejaban, pero les hable desde mi dolor y no solo me dejaron pasar sino que me terminaron haciendo un cerco, todo para que Vidal viera el cartel del Repunte. Jamás habría pensado que podía hacer algo así“, recordó.

Mes a mes, marcha a marcha, reunión a reunión. Jamás quemaron gomas, pero si se mantuvieron “firmes, duras con la palabra”. Se hicieron escuchar. Transformaron su dolor en una lucha irreversible que lleva dos años y no bajarán los brazos hasta condenar a los responsables.

– La lucha para que no haya más hundimientos

– El Repunte podría ser “el primer hundimiento en llegar a juicio”

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