Mareas cortas de merluza al norte antes que langostino

Algunos barcos de la flota fresquera que no armaron para ir tras el marisco, como el “Padre Pío”, operan en zona común de pesca, con mareas que duran menos de cinco días.

El muelle de Deyacobbi, en vísperas del comienzo de la temporada de langostino, aglutina barcos que lucen sus tangones ya colocados y ultiman detalles para zarpar, con otros que se despiden a merluza como el Don Natalio, que abandonó el muelle pasadas las tres de la tarde.

Rodeado de algunos Huafeng, pegado a muelle está amarrado el Padre Pío, un fresquero de 2000 cajones que llegó a las dos de la mañana, luego de navegar pocas horas hasta Mar del Plata, desde el 39º30′ en la zona común de pesca.

Se arrima un guinche y un acoplado del que comienzan a bajar herramientas de la estiba. Unas palas para remover hielo y unas cadenas para sujetar los cajones en su viaje de la bodega a la caja térmica del semirremolque que pronto se estacionará en paralelo al muelle.

Enseguida llega un par de trabajadores. Son socios de Estimar, la cooperativa que se encargara de la descarga. Se suma un par más y las tareas preparatorias se intensifican.

José Augusto Ciccioti, el armador del barco, se baja de una camioneta blanca e interactúa con el grupo, que ya había colocado una mesada de acero inoxidable y una balanza para la pesada.

“Salimos el 31 de mayo y volvimos esta madrugada, completos con merluza, algo de calamar y unos 200 cajones de raya”, dice el armador, que revisa en un talonario de facturas el número de marea del buque. “Con esta van diecisiete, le estamos metiendo duro y parejo”, confiesa, en tanto le avisa a uno de los estibadores que la “propina” se carga en el mismo camión que el resto y se abona al otro día. “Acá la compramos nosotros para que sea más sencillo para todos”, aclara.

La merluza se vende en muelle y la raya se procesa en Catesud, un frigorífico instalado en el Parque Industrial, propiedad de la familia. “Salimos con 20 toneladas de hielo. El viaje es corto y el pescado llega en excelente calidad, que es lo que perseguimos y lo que demandan los clientes”, dice el armador que evita revelar el precio de la merluza con destino a exportación que extraerán de la bodega.

Por ahora comienzan con un par de cajones de calamar y las rayas que se exportan con destino a Corea. Además del Padre Pío la empresa armadora es propietaria también del Tesón y el Belvedere, dos fresqueros de 2000 y 2500 cajones respectivamente, que flotan a metros de donde se desarrolla la descarga.

“Con el Tesón llevamos veinte mareas y con el Belvedere unas menos, siete, porque tuvimos que hacerle la reparación de media vida y estuvo unas semanas parado. Los tres se quedarán a merluza desde Mar del Plata” anticipó el empresario.

La queja por la falta de espacio operativo en los muelles y la crítica a la administración de Martín Merlini no es privativa de Francisco Romano. Ciccioti se sumó a la lista de armadores que cuestionan al Presidente del Consorcio.

“Lo que dijo (por Francisco) no le sobra ni una coma, es tal cual. La mugre, lo que rompemos los barcos acá adentro, es un desastre. Falta gestión. Con correr a todos los barcos en parada biológica para un lado y dejar libre un espacio para los operativos alcanza”, remarcó el armador.




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