El CFP ordenó prospectar el langostino y aprobó otro congelador irregular de Moscuzza

Para poder ampliar la reducida zona de pesca se ordenó prospectar en busca de una concentración de langostino que alimente más de 300 barcos y en medio de la incertidumbre se aprobó la reformulación de otro barco de Moscuzza. Tres consejeros se manifestaron en contra.

Solicitan una prospección para tratar de encontrar el langostino y al mismo tiempo aprueban el aumento del esfuerzo pesquero. Pese a las recomendaciones biológicas y a las evidencias que arrojaron las capturas en la prospección, Juan Manuel Bosch; Oscar Fortunato; Josefina Bunge; Juan Martín Colombo; Jorge Bridi; Carlos Liberman y Antonio López Cazorla aprobaron el ingreso de otro barco de Moscuzza a la pesquería de langostino. La reformulación es muy similar a la presentada por la empresa para el barco ilegal José Américo. Los representantes Ricardo Patterson; Silvia Giangiobbe y Adrián Awstin se abstuvieron de votar en señal de protesta.

El Acta 16 de 2019 quedará en la historia como tantas otras que registran hechos de ilegalidad perpetrados por el propio Estado. El INIDEP recomienda, desde hace doce años, que se debe controlar el esfuerzo pesquero y en los últimos años directamente señala la necesidad de reducir el esfuerzo.

Desde 2014 el Consejo Federal Pesquero no ha parado de incorporar barcos a la pesquería. En los primeros años el aumento inexplicado del crustáceo parecía requerir un mayor número de barcos para capturar volúmenes tan extraordinarios. En 2016, con recursos privados, el INIDEP retomó las campañas abandonadas en un momento crucial por casi diez años y comenzó a evaluar nuevamente el langostino.

Se descubrió que el crustáceo se estaba reproduciendo en sitios donde antes nunca lo habían visto; los mismos biólogos se sorprendína de la abundancia. Control de capturas, maximización de la calidad, vedas móviles y ágiles y un reducido número de barcos, sumado ello a las condiciones ambientales y de reducción de peces, parecieron haber contribuido al crecimiento exponencial de la especie.

La ambición desmedida llevó a que de los 90 barcos que habían pescado hasta 2013 se pasara a 302 barcos en 2018. Semejante incremento se dio, además, con deficiente fiscalización por parte del Estado en materia biológica, en lo relativo a prácticas de pesca responsable y mucho menos en los parámetros de calidad de las capturas, siempre libradas al autocontrol de las propias empresas.

Las condiciones en las que se otorgaron los permisos están tan viciadas de ilegalidades que merecen una nota aparte. Solo por enumerar algunas podríamos citar la transformación de lanchas amarillas en barcos tangoneros con capacidades extractivas varias veces superiores, o la utilización de permisos exclusivos de calamar para pescar langostino; y ahora, hasta fueron aprobados barcos que no estaban en condiciones de navegar.

A partir de 2017 el recurso comenzó a disminuir su potencial. La multiplicación de los barcos, una pesca descontrolada y condiciones naturales de la especie, comenzaron a dar evidencia de una reducción en la abundancia.

Ante este escenario Paula Modiondo y Juan de la Garza, del INIDEP, comenzaron a advertir que se estaba camino a una sobreexplotación del reclutamiento con posible reducción de las capturas en las futuras temporadas; y advirtieron sobre la necesidad de reducir el esfuerzo pesquero.

La respuesta del Consejo Federal Pesquero fue la incorporación de más y más barcos a la pesquería, siempre bajo el eufemismo de que lo hacían porque se reducía el esfuerzo pesquero y se maximizaba la explotación de los recursos para el bienestar social. Y lo siguen diciendo hasta el día de hoy, cuando la evidencia de una situación inusual del recurso mantiene en alerta a los especialistas.

La prospección de langostino que habilitó el inicio de la temporada tuvo resultado dispares y no se encontró una gran concentración de ejemplares, por eso se habilitaron solo tres subáreas, una de ellas con un porcentaje de merluza superior al recomendado, por lo que se exigió el uso de artes selectivas, algo que no sucede en la práctica.

El Estado no tiene capacidad de garantizar el control del cumplimiento del uso de artes de pesca selectivas, ni de evitar el descarte; no cuenta con inspectores ni el número necesario de observadores para cubrir la flota en la medida en que se necesita. A la vez se debe seguir buscando la concentración de langostino, si es que está, para poder trasladar más de 300 buques habilitados cuando las áreas abiertas no resistan más presión.

Todavía el INIDEP no sabe si hay suficiente langostino para toda la flota. Se debe seguir buscando y la forma más práctica que encontraron los consejeros fue solicitar al INIDEP una prospección. Comenzará cuando esté listo el plan de campaña y se realizará entre los paralelos 43° y 44° Sur y los meridianos 60° y 62° Oeste y entre los paralelos 44° y 45° Sur y los meridianos 61°30’° y 63° Oeste.

Ese es el escenario actual. Todavía no se sabe si el langostino que hay alcanzará para alimentar a los buques que ya están habilitados y aunque parezca una burla, el Consejo Federal Pesquero aprobó el ingreso de un nuevo barco a la pesquería, el Nani, de José Moscuzza. Por supuesto, dijeron que no aumenta el esfuerzo pesquero. Es mentira.

La reformulación que se aprobó es casi calcada de la que presentó la empresa en 2015 para el José Américo: un fresquero que ya pescaba langostino, una lanchita amarilla y congelador de permiso exclusivo que, en el caso del Nani, será un palangrero en lugar de un potero.

Al igual que en el caso del José Américo dicen que se reemplazará por un barco a incorporar de 39,9 metros de eslora de arqueo, 521 metros cúbicos de bodega, 1475 HP de potencia máxima de motor, “y las demás características obrantes en el plano”, las mismas con las que se le permitió ingresar al José Américo, que finalmente tiene más de 44 metros de eslora de arqueo y 47 metros de eslora total.

Moscuzza pidió 2.054 toneladas de langostino y 1.352 toneladas (las del palangrero) de todas las especies sin langostino. Los Consejeros dijeron que en esas condiciones no era posible y le otorgaron el volumen que pedía para todas las especies sin langostino y 1.995 toneladas de langostino.

De esta manera aumentaron en más de 700 toneladas el promedio de capturas de langostino que tuvo el barco cedente, Malvinas Argentinas. Seguramente alegarán que surgen de la lanchita amarilla Nueva Virgen de Luján, que junto al palangrero Argenova XII irán a desguace. Pero la lanchita en 2017 pescó tan solo 33 toneladas.

Las condiciones reglamentarias bajo las que se aprobó la reformulación del Nani son tan irregulares como muchas de las aprobadas en los últimos años. En cuanto a las características técnicas del barco, al momento del ingreso se verá si Moscuzza las cumple o las violará como con el José Américo. Los antecedentes nos dan motivos para desconfiar de este empresario y de la Autoridad de Aplicación.

Más allá incluso de la legalidad de permiso otorgado, aquí se está dando una situación de incumplimiento de las reglas más básicas del manejo precautorio, responsable y ni hablar del ecosistémico. Este escenario produjo que por primera vez tres Consejeros se manifestaran en contra de la aprobación de una reformulación y se abstuvieran de votar.

La última acta de 2015 quedará en la historia como la que permitió el ingreso del José Américo al caladero argentino, incumpliendo toda normativa legal; y el Acta 16 de 2019 como la prueba irrefutable de que no se está en manos de una gestión capaz de administrar los recursos bajo parámetros de responsabilidad. Y queda más que claro el señor José “Pototo” Moscuzza puede seguir metiendo barcos ilegalmente al caladero argentino como lo viene haciendo desde los noventa a la fecha, ayer con Menem, hoy con Macri.




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