Enero espanta inversores

La inactividad convalida reinado en los muelles del puerto. Las exportaciones se redujeron un 60% y los desembarques siguen subidos al tobogán. En este panorama apocalíptico el Consorcio espera ofertas para el predio de los silos.

Mientras crece la expectativa por lo que sucederá el lunes 18 de febrero cuando se conozcan las ofertas dispuestas a invertir 20 millones de dólares para borrar del mapa la galería de los elevadores y los silos del puerto y darle forma a una Terminal Multipropósito de Ultramar, tal cual el objetivo del pliego de la licitación nacional e internacional que pergeñó Merlini, los muelles reflejan una realidad más que modesta; paupérrima.

Más allá que corre cada vez con más fuerza el rumor que TC2 recurrirá a la justicia por sentirse marginado como impulsador de una iniciativa privada presentada a fines del 2017 para el predio aledaño al muelle 3, el nivel de actividad que registró el puerto marplatense en el primer mes del año espantaría a cualquier grupo inversor.

Al menos a quien efectivamente desea desembarcar en este puerto donde lo prioritario son pasarelas de pino para el paseo turístico y no mejorar la infraestructura de los muelles ni quitar la chatarra flotante de áreas operativas. Merlini, con el aval de la Provincia, gastará 7,5 millones de pesos en los paseos peatonales para gente inquieta. Lujos del puerto autosustentable.

Pero por el mundo deambulan otros tipos de inversores. Como los asiáticos que llegaron a Tecplata, en la capital provincial, donde tras una inversión de más de 300 millones de dólares, la inauguración y la foto con el entonces gobernador, Daniel Scioli, luce con las grúas flamantes pero la plazoleta vacía.

Pasaron más de 3 años y todavía espera la llegada de los grandes buques de portacontenedores porque no hay carga. La excusa es que faltan pocos kilómetros para unir la Autopista con el puerto. Si hubiese qué llevarse del puerto, ese pequeño inconveniente ya se habría superado.

Acá en Mar del Plata las cargas que hasta el año pasado generaron uno de los pocos brotes verdes del paisaje portuario, se desmoronaron el mes pasado. De 323 contenedores, unas 8 mil toneladas, exportadas en enero del año pasado, se redujeron a 128 contenedores, menos del 60%.

Con características distintas, en Quequén, el puerto más próximo al reino de la pulcritud administrativa de Merlini que tiene a varios permisionarios sin poder renovar sus tierras, registró en enero el mayor movimiento de cargas de su historia: 812 mil toneladas.

Con el trabajo en equipo, la autosustentabilidad presupuestaria, el puerto operativo las 24 horas y la gestión eficiente de las mejores luces de la Fundación Pensar, 120 km más al sur apenas superamos el 1%. Pero mañana arranca la Feria Masticar y miles de locales y visitantes se codearán con los mejores cheff de argentina y la galaxia en un ambiente fumigado a mansalva para exterminar la población de roedores y demás alimañas. Un lujo.

La estadística con la evolución de las descargas pesqueras no ayuda. No solo porque se clavó en el 23 de enero –alguien se debe haber ido de vacaciones- sino porque hasta esa fecha se contabilizaron 4500 toneladas de productos marinos. En enero del año pasado las descargas alcanzaron las 16.800 toneladas.

La flota potera mantiene buenas capturas a 12 horas de Puerto Deseado. Entre 25 y 30 toneladas diarias los barcos chicos y casi 40 los más grandes. En Febrero el desplome de desembarques en Mar del Plata perforará la lona.

A la falta de poteros que descarguen calamar se suma la modorra de una flota fresquera de altura que no termina de arrancar. Acá también hay problemas. Los armadores sostienen que saben qué precio de venta tendrá la merluza entera en muelle. Sin oferta, puede trepar hasta los $28. Con oferta, bajar a $25.

En una industria del procesamiento de pescado fresco en crisis de actividad, con fuentes laborales sobreviviendo a fuerza de un salario garantizado y obreros precarizados cortando en cuenta gotas, los armadores sostienen que si aumenta el nivel de actividad de la flota no hay gente para procesarlo.

La pérdida de más de 600 fuentes laborales en la industria ligada al fresco en los últimos 3 años es consecuencia, principalmente del cierre de la canilla de la subdeclaración y luego de la falta de rentabilidad del producto elaborado en tierra.

Falta pescado o falta gente. Cualquiera sea la opción que piense el lector, revalida el carácter irregular que siempre ha caracterizado a la industria pesquera, aunque ahora con picos mucho más pronunciados y que generan consecuencias más graves.

Para los trabajadores que debieron reconvertirse en otros oficios o sobrevivir debajo de la línea de pobreza con un empleo registrado. Pero también para la industria, que en estas condiciones, más presión impositiva, más nivel de conflictividad, más costo de financiamiento,  piensa en cualquier cosa menos en reinvertir para generar más empleo.

Salvo los apellidos ilustres, como el caso de Solmeno. Tony no solo gastó casi 8 millones de dólares en el nuevo Ponte de Rande sino que acaba de incorporar una moderna máquina para sumarle valor al calamar en Mare.

Por sus dimensiones, ocupa el lugar de 14 mesadas de corte, que ya habían sido relocalizados en otro sector. Centrado en la producción de pescado congelado, si algo sobra en el frigorífico es espacio.

Solimeno llego a tener más de 400 obreros registrados bajo convenio en los distintos sectores de producción y bajo distinta condición: los del CCT 75, el anexo PyME y los precarizados de la descarga. Ahora no llegan ni a la mitad.

Puerto de Palos

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