UE prohibe a los barcos tirar los peces no deseados por la borda

Mucho antes de que un filete de pescado llegue hasta tu plato, mucho pescado se tira, literalmente, por la borda. Eso representa un problema para el medio ambiente y -evidentemente- para las poblaciones de peces.

A medida que las tripulaciones de pescadores (tanto industriales como artesanales) revisan sus capturas, muchos peces no deseados terminan siendo arrojados por la borda de nuevo al agua, la mayoría muertos o malheridos: los peces que son devueltos al agua como desechos representan cerca del 20% de la pesca mundial.

Desde el 1° de enero de 2019, esta práctica derrochadora se volvió ilegal en las aguas de la Unión Europea. Los científicos creen que la política conducirá a pescas más eficientes y eventualmente aumentará las poblaciones. Pero a corto plazo podría significar dificultades para la industria e incluso comprometer los datos de pesca, porque casi todas las tripulaciones pueden descartar peces sin que nadie lo sepa.

“Este es uno de los cambios más dramáticos en la política pesquera de la UE”, dice Peder Andersen, economista de la Universidad de Copenhague.

Los reguladores empezaron a implementar la prohibición de descartes, conocida oficialmente como “obligación de desembarque“, en 2015. Para aliviar el dolor, comenzaron con embarcaciones que no descartaban mucho porque capturaban pequeñas partidas de arenque y otras especies individuales. Ahora viene el desafío más grande: la pesca en zonas donde viven muchas especies juntas, como en el Mar del Norte.

Cuando las embarcaciones realizan pesca de arrastre con redes que llegan hasta el fondo, terminan con una mezcla de especies de todos los tamaños. Hasta ahora, los barcos solo conservaban la porción más valiosa de su captura, o sea los peces más grandes y los que se venden a mejor precio.

Prohibido tirar

El descarte de peces jóvenes, que aún no se han reproducido mucho y que no han alcanzado la edad adulta, ha sido un impedimento particular para la sostenibilidad. Bajo la prohibición, los buques pesqueros deben recuperar todas las especies reguladas, un dolor de cabeza significativo para ellos pero un alivio para el medio ambiente.

Les tocará pasar más tiempo clasificando peces, ya que incluso los no deseados deben ser registrados y llevados a puerto. Las bodegas se llenarán más rápido, Significando más viajes al mar y mayores costos de combustible. Y el pescado no deseado se venderá por una fracción del precio de la captura normal, si es que puede venderse. La esperanza es que la prohibición incentive a los buques a adoptar artes o estrategias de pesca más selectivas.

A más largo plazo, la prohibición de descartes aumentará las poblaciones de peces y beneficiará al ecosistema en general, de acuerdo con un modelo liderado por Marie Savina-Rolland del Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar, un centro de investigación oceanográfica en Lorient. Eso podría eventualmente traducirse en mayores cuotas y ganancias, dice la experta, quien co-dirigió la investigación económica para el proyecto DiscardLess.

La prohibición también podría estimular una mayor investigación sobre nuevas artes de pesca y tácticas para evitar capturas no deseadas.

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