La acuicultura: Una actividad sostenible y proveedora de productos sanos, saludables y sabrosos

Los productos pesqueros son una de las más importantes fuentes de proteína animal del mundo, representando el 30 por ciento del total de la proteína consumida en los países en vía de desarrollo y el 15 por ciento en Europa y Norteamérica. Una porción de 150g de pescado provee entre el 50 por ciento y el 60 por ciento de las necesidades proteicas de un adulto, además del valor de sus aceites Omega3.

Los valores nutricionales de estos productos los convierten en esenciales a la hora de elaborar una dieta sana y equilibrada, concepto vinculado a la denominada “Dieta Mediterránea” y acuñada en los años 80 para designar y referirse a una dieta elaborada con ingredientes o productos propios de la forma de vida de los distintos países de la cuenca del mediterráneo.

Según la FAO, la contribución de la acuicultura al suministro mundial de productos pesqueros está en continuo crecimiento. Como ejemplo, indicar que ha pasado de representar alrededor del 4% en 1970 al 54,5% en el año 2016, superando a la aportación de la pesca extractiva. Supone, por tanto, una fuente de proteína animal saludable para una población en continuo crecimiento y que demanda más alimentos de origen acuático como base para una dieta sana y equilibrada.
Los productos acuícolas, por tanto, son cada vez más usuales y abundantes en la cesta de la compra y, además de tener todas las garantías sanitarias, tienen una serie de ventajas que los hacen muy interesantes para los consumidores:

- Están disponibles para su captura y venta en todo momento, pescando según pedido y garantizándose la máxima frescura.

- Las poblaciones son de tamaño homogéneo y existen diferentes tallas entre las que escoger, pudiendo elegir aquellas que más se adapten a nuestras necesidades.

- La disponibilidad del producto hace que los precios sean asequibles y moderadamente constantes, facilitando su inclusión en la cesta de la compra.

Es importante recordar que el pescado, no obstante, es uno de los productos frescos más perecederos que podemos encontrar, pues comienza a deteriorarse después de su captura y sacrificio. Por ello, desde la antigüedad se han desarrollado numerosos métodos de conservación, tales como los ahumados o los salazones, pasando por las más modernas técnicas de congelación y refrigeración. En cualquier caso, si el consumidor va a adquirir pescado fresco, debe tener en cuenta que el producto debe contar con unas características organolépticas y físicas que garanticen su frescura y calidad. Y, en este contexto, las empresas acuícolas de Andalucía ponen sus productos a disposición de los consumidores en sus puntos de compra habituales en tan solo 24-48 horas desde su captura.
Hay que destacar que la acuicultura, como fuente de estos alimentos, es una Actividad Sostenible porque se realiza mediante prácticas que minimizan los impactos negativos sobre el entorno y se hacen continuos esfuerzos para mejorar el rendimiento acuícola a través de una gestión ambientalmente respetuosa, socialmente responsable y económicamente rentable, principios fundamentales de la definición de sostenibilidad y del desarrollo sostenible.
Y la actividad acuícola que se desarrolla en España, y especialmente en Andalucía, contribuye a:

- Aportar alimentos ricos en proteínas, aceites, vitaminas y minerales básicos para una dieta saludable.

- Ofrecer más oportunidades de empleo, tanto directos como indirectos vinculados a la acuicultura.

- Favorecer la seguridad alimentaria y, por tanto, la salud de las personas al proporcionar alimentos que han sido controlados a lo largo de todo su ciclo productivo.

- Promover el desarrollo económico con el mínimo impacto ambiental.

Favorecer la conservación de espacios naturales y de la biodiversidad de las comunidades que habitan en las zonas húmedas y que, gracias a la acción humana y el manejo sostenible de las explotaciones, encuentran refugio y alimento.

Todos estos hechos hacen que, además de sostenibles, los productos acuícolas sean sanos, saludables, y sabrosos.

Sanos, porque están controlados por veterinarios y profesionales técnicos cualificados a lo largo de todo su ciclo de vida; es decir, desde que nacen hasta que se pescan y sacrifican para su distribución en los mercados.

Las empresas acuícolas trabajan en la prevención de enfermedades y en la mejora del bienestar animal a través de programas sanitarios coordinados y aprobados por la administración que promueven la vacunación de los animales, el uso responsable de los medicamentos veterinarios, los controles veterinarios periódicos o la formación, entre otras muchas medidas dirigidas a ofrecer las máximas garantías a los consumidores.

Con carácter general, existen en las explotaciones acuícolas protocolos y normas de bioseguridad y condiciones higiénicas que persiguen asegurar la calidad de los alevines y semillas, el adecuado control y gestión de bajas, la calidad de las aguas y que el material empleado y los métodos de trabajo causen el mínimo daño y estrés a los individuos.

Saludables, porque los productos acuícolas, y en general los pesqueros, desempeñan un papel fundamental en la nutrición al representar una fuente valiosa de nutrientes y micronutrientes sumamente importantes para obtener dietas diversificadas y saludables. Contienen muchos de los minerales y las vitaminas necesarios para subsanar algunas de las deficiencias nutricionales más graves y generalizadas.

Muchos pescados son una fuente de ácidos grasos omega 3 de cadena larga, que contribuyen al desarrollo visual y cognitivo de los seres humanos y también proporcionan minerales esenciales, como el calcio, el fósforo, el zinc, el hierro, el selenio y el yodo, así como vitaminas A, D y B.

Además, hay pruebas de los efectos beneficiosos del consumo de pescado en la salud mental y la prevención de enfermedades cardiovasculares o los accidentes cerebrovasculares.

Y Sabrosos, porque la excelente calidad y la amplia variedad de productos existentes hacen que puedan ser cocinados con numerosas técnicas y presentarse a la mesa con ilimitadas elaboraciones. Suelen formar parte de las recetas locales y tradicionales de numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía y, además, en la Dieta Mediterránea – reconocida por la UNESCO como uno de los elementos de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad– se recomienda consumir pescado en abundancia porque, además, aporta beneficios nutricionales a nuestro organismo.

El sabor de los productos pesqueros es, probablemente, el más variable y cambiante de nuestros alimentos básicos, pues depende de la especie y tipo de producto, de la salinidad de las aguas donde vive, de lo que come y de la manera en que se captura y maneja. Podemos encontrar productos con sabores más suaves o con sabores más fuertes pero, como dice el dicho, para gustos, los colores.

Este publirreportaje se encuentra subvencionado por la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía en el marco de la subvención concedida a la Asociación de Empresas de Acuicultura Marina de Andalucía el 12 de julio de 2018 como organización representativa del sector pesquero andaluz en base a la orden de 16 de febrero de 2011 y sus modificaciones de 28 de abril de 2014 y 6 de abril de 2018.

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