“Mis nietos le pidieron a Papá Noel que les traiga a su papá”

Lo contó Guillermina, madre de Nahuel Navarrete Godoy, uno de los ocho tripulantes desaparecidos del buque Rigel, al cumplirse cinco meses del naufragio. Como cada aniversario las imágenes de dolor y bronca se adueñaron de la escena. Cada vez más solos los familiares marchan por la ciudad de Mar del Plata.

Cuando en 2017 ocurrió la tragedia del Repunte, muchos creímos que ese naufragio marcaría un antes y un después en la pesca argentina; la falta de control de la Prefectura, la irresponsabilidad de los funcionarios nacionales y la complicidad sindical habían quedado brutalmente al descubierto.

A ello se sumaba que entre los familiares y amigos de las víctimas había biólogos, sociólogos, peritos navales, abogados, un grupo variopinto de profesionales que inmediatamente se puso en acción para determinar las causas, buscar a los responsables y visibilizar lo que estaba sucediendo.

Se creó la multisectorial Ningún Hundimiento Más, cuyos integrantes sin descanso golpearon las puertas de los despachos, marcharon, hicieron murales; fueron protagonistas de un documental, realizaron charlas con especialistas, promovieron modificaciones legislativas para proteger a los marineros; pidieron para los que estaban vivos y navegando más seguridad en la navegación, mayores controles y una mejor calidad de vida a bordo. Todo lo hicieron sin el apoyo de los gremios ni de los propios marineros.

El tema llegó a tratarse en las cámaras de Diputados y Senadores, se abordó varias veces en los medios nacionales, los funcionarios de la Nación y la Provincia debieron involucrarse y reunirse con los familiares de las víctimas y atender sus reclamos. Sin embargo, cuando se estaba cumpliendo el primer aniversario de ese día trágico, otro naufragio golpeó despiadadamente a ocho familias de pescadores y se comprobó que nada había cambiado.

Cuando el 9 de junio de 2018 se hundió el buque Rigel, se volvió a foja cero, como si nada hubiese pasado. Los familiares deambulaban por la Prefectura sin que nadie les pudiera dar una respuesta, sin contención psicológica inmediata y desgarrados de dolor. Día tras día llegaban para escuchar partes plagados de contradicciones, que los angustiaban cada vez más.

En los primeros días los medios locales y nacionales se agolpaban en la puerta de la Prefectura; iban a escuchar junto con los familiares cada parte, que era trasmitido en vivo. Los gremios sobreactuaban compromiso y lucha, decretando un paro hasta que todos los barcos tuvieran a bordo los trajes de salvamento.

Al pasar algunos días, los medios dejaron de cubrir el tema. Un minúsculo grupo de periodistas recibía el parte, los gremios levantaron el paro y los barcos siguen sin la obligatoriedad de llevar el traje. Sendas prórrogas permiten que la vida del marinero se juegue en cada zarpada, los sindicatos ya se callaron.

Ahora, como ocurrió también con el Repunte, los familiares de los tripulantes desaparecidos del Rigel quedaron solos en las calles, recordando el 9 de cada mes el momento más doloroso de sus vidas. Las madres, padres, esposas, novias, hijas e hijos caminan en soledad por las calles del puerto de Mar del Plata y en ese contexto, Guillermina Godoy toma el megáfono y cuenta que sus nietos le pidieron a Papá Noel que les traiga a su papá.

La escena es de las más tristes, nos pone en la piel de esos chiquitos y toma dimensión la angustia que la pérdida en circunstancias de un naufragio genera. Duele porque podemos imaginar sus lágrimas, porque sabemos que no son los únicos y porque lamentablemente nada garantiza que serán los últimos.

En los últimos 17 años han pasado por esta situación los hijos de los tripulantes fallecidos de los barcos Amapola, Angelito, Siempre Don Pablo, Santa Lucía, Jesús del Camino, Don Víctor, Don Roberto, Fénix, Gaviota III, Santa Marta, Vieirasa 8, Carlos Álvarez, Rosario y Repunte.

En ningún caso, como tampoco ocurrió con el Rigel, se determinaron las causas, se establecieron las responsabilidades ni pagaron los culpables. En muchos casos no se ha cobrado ni el seguro de vida y rápidamente las víctimas pasaron a engrosar la lista de náufragos anónimos. El viernes los familiares de Nahuel Navarrete Godoy; Rodrigo Sanita, Pedro Mierez, Néstor Rodríguez, Jonatan Amadeo, Cristian Osorio, Daniel Rodríguez y Rodrigo Blanco, marcharon para evitar que sus nombres queden en el olvido.

En 2017 la temporada de langostino dejó diez tripulantes muertos; en 2018 los muertos fueron nueve. Que en 2019 la trágica escena no se repita depende del Estado como ente de control eficiente y de los gremios como defensores de los derechos de los trabajadores. Hasta hoy ninguno cumplió debidamente su rol.

Revista Puerto

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