En el Puerto de Montevideo los buques extranjeros bajan un muerto por mes

Un desgarrador informe ubica a la capital uruguaya como el segundo embarcadero con mayor ilegalidad en el mundo. Según Milko Schvartzman, especialista en conservación marina,Uruguay se comprometió ante la ONU a prevenir la pesca ilegal. Ese compromiso no se está cumpliendo, y se esta siendo cómplice de los abusos a los Derechos Humanos que ocurren en los barcos de pesca no declarada y no reglamentada.

Los barcos pesqueros que llegan al puerto de Montevideo vienen llenos de sorpresas. Una tonelada de merluza negra sin declarar por acá, otra tonelada de tiburón azul por allá y unas cajas con 1.400 kilos de cocaína escondida en algún rincón. Media tonelada de bagres por aquí, una tonelada y media de besugos por allí y un tripulante muerto en una de las literas. No siempre, claro, pero sí con demasiada frecuencia. Porque desde 2013, en promedio, una vez por mes el puerto capitalino recibe a una embarcación pesquera que ha perdido a uno de sus tripulantes debido a las precarias y muchas veces ilegales condiciones laborales que existen a bordo de estos comerciantes del océano.

A las cuatro de la tarde los indonesios duermen. Allá, casi al otro lado del planeta, las cuatro de Uruguay son las dos de la madrugada. Pero Budi hacía tres días que no podía dormir. No era el jet lag ni la ansiedad de pisar el suelo firme. Tenía un dolor de muelas que le dificultaba el descanso. Venía insistiéndole al capitán del barco Yun Mao N°168 para que cambiara el itinerario y fuera de urgencia al puerto más cercano, sin éxito. Cuando los oficiales uruguayos lo rescataron en Montevideo, aún con vida, estaba pálido y al borde del desmayo. Un marinero llegó a bromear: “Parece un muñeco made in Taiwan”, en referencia a la bandera de la embarcación. Murió pocas horas después. La infección fue fulminante.

Estas no son historias de una película de piratas. Son datos oficiales de la Administración Nacional de Puertos y de la Armada Nacional que recopiló la ONG Oceanosanos. En setiembre del año pasado, de hecho, una delegación diplomática de Indonesia visitó Uruguay para investigar el caso del cuerpo de su compatriota. Y la pesquisa arrojó que era tal la situación de esclavitud de aquella tripulación que los encargados se negaban a discontinuar la pesca para atender a su compañero de a bordo.

El Prefecto Nacional Naval, Fernando Pérez, confirmó que, en 52 meses, los pesqueros extranjeros bajaron en el puerto a 53 fallecidos. En una carta que lleva su firma y a la que accedió El País, dijo además que han descendido 11 tripulantes enfermos y que este tipo de embarcaciones han protagonizado cuatro incendios.

Montevideo es el segundo puerto del mundo más visitado por barcos de transbordo de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Así lo confirmó un estudio satelital que el año pasado realizaron Global Fishing Watch, la ONG fundada por Google y financiada por la fundación del actor Leonardo DiCaprio.

El puerto de Ojotsk, nombre del primer asentamiento de la Rusia oriental, es el punto de mayor ilegalidad pesquera. Y enseguida viene Montevideo por la enorme cantidad de pesqueros que capturan sin declarar en la zona exclusiva del mar argentino.

El escondite del sur.

Los Oyang son unos barcos surcoreanos con los peores prontuarios. En el Oyang 70 murieron seis tripulantes, en 2010, y desde entonces Nueva Zelanda les niega el ingreso a sus puertos. Un año después, del Oyang 75 escaparon 32 marineros indonesios por acoso sexual y maltrato a bordo. La Universidad Business School de Auckland señaló entonces que las denuncias “eran verificables”. Pasaron menos de doce meses del hecho y el mismo Oyang 75, junto a su hermano Oyang 77, fueron embargados por delitos de pesca: captura ilegal y vertido de aceite al mar. El Oyang 75 está hoy —y estará hasta el seis de diciembre— en Montevideo, esta embarcación  de 68,2 metros de largo, camuflada entre otros pesqueros de bandera extranjera, pero que resalta por el color rojizo y el herrumbre de su popa.

El Oyang 75 no está solo. A tres barcos por medio está la flota de los Lu Qing Yuan Yu, unos pesqueros chinos que también acarrean una triste fama. En mayo del año pasado el N°206 había llegado al puerto de Montevideo con un fallecido y otros cinco tripulantes filipinos que relataron una dura realidad: “fueron golpeados por el contramaestre, trabajaban hasta 24 horas corridas, acumulaban meses de retrasos en los cobros del salario, no se les proveía ningún tipo de medicamentos ante enfermedades o accidentes, solo comían azúcar y el agua que tomaban era de color amarillento y de gusto nauseabundo”, resumió el argentino Milko Schvartzman, un especialista en conservación marina que viene alertando a la autoridades uruguayas de la magnitud del problema de la pesca ilegal.

Schvartzman y su equipo advirtieron en abril sobre el inminente arribo del Playa Pesmar Uno, un pesquero español que había sido sancionado por no facilitar la inspección a bordo. Gracias a ese aviso, la Armada, la Dinara y la ANP revisaron el buque y constataron, según los denunciantes, que el “capitán había falsificado la información sobre las especies capturadas”. Entre la mercadería había merluza negra, una especie muy codiciada.

El subsecretario de Defensa, Daniel Montiel, reconoció ante la comisión de Pesca de Diputados que “en materia de pesca ilegal Uruguay vivió horas oscuras”. Pero aclaró que eso es pasado y que el país se ha reivindicado internacionalmente. Eso sí: la cantidad de muertos e irregularidades no parece ser un ancla liviana de levantar.

“Buen pique” para el crimen organizado

Un barco cargaba más de US$ 12 millones y no específicamente en pescado. Llevaba 400 kilos de cocaína escondidos en un contenedor de lana. Fue descubierto hace dos meses. Cinco años antes, la Armada había detectado un cargamento de 1.440 kilos de la misma droga en un pesquero de bandera panameña.

Según el cuarto informe de la ONG Oceanosanos, publicado este noviembre, los transbordos en alta mar sin regulación y la falta de inspecciones a bordo “muchas veces son utilizados para actividades criminales como el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico de armas”.

“En 2015 se realizaron en el Puerto de Montevideo más de 1.500 descargas y más de la mitad fue de barcos que fueron transbordados en alta mar, “lo cual se entiende una situación de riesgo que puede cubrir pesca ilegal”, había advertido a Presidencia Daniel Gilardoni, exdirector de Recursos Acuáticos.

En un taller que organizó Naciones Unidas, varios científicos participantes indicaron que “para combatir la pesca ilegal, el trabajo forzado y el tráfico de personas es necesario prohibir el transbordo”.

Las actuales autoridades de Defensa Nacional aclararon en el Parlamento, el pasado 6 de noviembre, que ahora Uruguay sí controla estos aspectos.

Juguemos en el agua mientras el GPS no está

El AIS (sistema de identificación automática) es la carta de presentación de los barcos. Toda embarcación, cuyo arqueo bruto es mayor a 300 toneladas, tiene que mantener activado este procedimiento de monitoreo. Así lo dispuso la Organización Marítima Internacional para mejorar la seguridad de la navegación. Pero una cosa son las obligaciones y otra las acciones.

El 1% de las embarcaciones transmite una identidad falsa. El 19% de los que apagan el AIS lo hacen para encubrir ilícitos. El 44% de los pesqueros chinos manipula la posición GPS que trasmite el AIS. Los datos de Maritime Connector, el mayor portal de internet sobre asuntos marítimos, revelan una entramado global de irregularidades. Y Uruguay no es ajeno.

A la ONG Oceanosanos se le ocurrió hacer un experimento. Durante junio, sus investigadores estuvieron revisando la información que transmitían los barcos en el puerto de Montevideo. Detectaron irregularidades a tal punto de que había dos embarcaciones con el mismo nombre presentes a la vez en el mismo puerto (Fu Yuan Yu F86).

En otro caso comprobaron que había embarcaciones con la misma matrícula, algunas que cambiaban repentinamente su nombre de identificación en el AIS pese a estar en el puerto y otras que directamente estaban amarradas, pero sin identificación automática.

La pesca ilegal genera pérdida por US$ 23.000 millones a nivel internacional, estimó Naciones Unidas. Eso no cuenta, según el investigador Milko Schvartzman, “las pérdidas por la afectación del ecosistema”.

Tres preguntas a Milko Schvartzman, especialista en conservación marina

¿Qué consecuencias tiene para Uruguay que su principal puerto sea el segundo en el mundo con mayor acogida a los pesqueros ilegales?

Uruguay se comprometió ante la ONU a prevenir la pesca ilegal. Ese compromiso no se está cumpliendo, y se esta siendo cómplice de los abusos a los Derechos Humanos que ocurren en los barcos de pesca no declarada y no reglamentada. Las consecuencias de esto pueden afectar no solo a las exportaciones pesqueras, sino a todo tipo de exportación agrícola o industrial de Uruguay. Es que los mercados se guían por parámetros de país.

¿Por qué varios de los barcos extranjeros que cometieron ilícitos tienen su base de operaciones en el puerto de Montevideo?

Porque no son aceptados en ningún puerto de la región, existen prohibiciones a su acceso ya que dañan la industria pesquera local, y porque no cumplen con las mínimas condiciones de seguridad, sanitarias ni ambientales. Las inspecciones a bordo son requisito para cumplir con los compromisos internacionales, y para evitar que la situación derive en un escándalo mayor, con consecuencias negativas para el país. En la FAO están muy preocupados por la situación.

¿Qué relación guarda el crimen organizado, en especial el narcotráfico, con la pesca ilegal que recala en Uruguay?

La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada está directamente relacionada con el crimen organizado. Por su clandestinidad, es utilizada para encubrir actividades de trata de personas, tráfico de armas, y narcotráfico. En 2013 se descubrió el mayor cargamento de cocaína en el Puerto de Montevideo. El mismo llegó en un pesquero de bandera panameña, pese a que son barcos que cambian la bandera según la conveniencia y suelen recalar en Montevideo.(Fuente El País, Uruguay).

Fuente: Mar & Pesca

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