“No sé si pescaré en 10 años, quizás quieran acabar con la pesca”

Manel Perelló, de 27 años, es nieto, hijo y sobrino de pescador y uno de los patrones más jóvenes de Cataluña

Manel Perelló tiene 27 años y es uno de los patrones de pesca de arrastre más jóvenes de Cataluña. Una rara avis. Uno de los oficios más antiguos de la humanidad padece una grave crisis. Los altos precios del gasoil, el aumento de restricciones, exigencias y sanciones hacen, cree Manel, que “la pesca vaya muriendo poco a poco, va desapareciendo, cada vez hay menos barcas y menos pescadores”. Los jóvenes no se dedican a la pesca y solo se incorporan como marineros inmigrantes rumanos, subsaharianos, suramericanos y marroquíes. La flota pesquera mengua cada año: en los puertos de Girona ha disminuido más de un 50% en 15 años. Se han desguazado 229 embarcaciones y quedan 75 de arrastre. “No sé si pescaré en 10 años, quizás quieran acabar con la pesca”.


Manel es nieto, hijo y sobrino de pescador; su tía es armadora. “Lleva salitre en la sangre”, como dice la gente de mar. Su familia, originaria del barrio del Serrallo de Tarragona, protagonizó un periplo por diversos puertos y hace 40 años se afincó en el Port de la Selva. Está al frente de un arrastrero de hierro de 28 metros de eslora con más años que él. Su vida en el mar empezó a los 17 años en verano y como marinero. “Es un oficio en el que tienes que ir escalando, si no…”. Lo intercalaba con los estudios, dos años de Patrón de litoral y dos de mecánica en l’Ametlla de Mar y Patrón de Altura en el País Vasco, seis en total. En 2015 se dedicó por completo a la pesca y en 2016 ya lo hizo como patrón.

Es un oficio muy duro. Un día de faena son entre 12 y 16 horas de mar. “A las 5 de la madrugada cargamos el hielo, ponemos bien el arte, preparamos las maniobras y salimos a las 6 hacia el caladero”, explica Manel. La ruta puede ser de una, dos o seis horas de navegación. Martes y miércoles van al Golfo de León, de dos de la madrugada a seis de la tarde. Van a tres tipos de pesqueras: gamba, cigala o pescado. Cada una se captura a diferente profundidad. Una vez en el caladero, se arrían las puertas de popa del barco, que es lo que hace que se abra el arte y la red baje hasta el fondo. El 80% de los días va a la gamba porque sale mejor económicamente. “Si hay gamba, todos vamos a la gamba”, afirma. Cuando suben las redes, los marineros separan las capturas por medidas y especies.

En el arrastrero van tres marineros, dos rumanos y un español de origen marroquí. “Es normal”, justifica Manel, “no hay nadie del país que se quiera dedicar a la pesca”. Los cinco arrastreros del Port de la Selva tienen patrones españoles, pero solo en dos de ellos los marineros también lo son. “Cuando nos jubilemos los que tenemos 45-50 años, en una década, habrá una escabechina. No hay relevo porque no lo ven un mundo atractivo”, lamenta el Presidente de las Cofradías de Pescadores de Cataluña, Antoni Abad.

“Me gusta mucho la pesca, pero los problemas que la rodean echan para atrás, el tiempo, las sanciones, el gasoil…”, asegura Manel Perelló. Una de las cosas que más le molesta es “el mal tiempo que hace en el Golfo de León”. “En verano”, añade, “todo es muy bonito, pero el invierno mentalmente agota mucho”. Con vientos fuerza 7, la flota a veces queda en tierra. “Otras veces salimos porque si no pescamos no comemos. Hay peligro, pero los marineros saben que les va su sueldo y yo también pienso en ellos”, afirma. Recuerda que “detrás de la pesca hay muchas familias, de marineros, pescaderías, restaurantes…”. “Soy poco de quejarme, pero cada vez estamos más ahogados. No nos ayudan en nada”, asegura. Gastan 6.000 litros de gasoil a la semana. Hace año y medio el litro iba a 0,35 euros; ahora está a 0,55 euros. “Más las averías. Este dinero también sale de la pesca, a veces parece que el dinero solo sale”, suspira.

La familia tiene la pesca muy interiorizada, “demasiado”, opina Perelló. “Pasarte más de 12 horas trabajando se ve normal”. No afecta a su vida de pareja, pero hablan de ello. “Mi pareja me anima a que haga lo que yo crea. Llego a casa a las siete u ocho de la tarde y a la una o a las cinco de la madrugada tengo que volver a irme. La pesca me marcará de por vida porque tengo un trabajo diferente, pero sigo teniendo lo que tenía antes de ir a pescar, mi familia y mis amigos”, asevera.

En el deporte es un poco la oveja negra de la familia. Su padre y su tío —gemelos—, fueron campeones de España de remo olímpico en 1975 y 1976, otro de sus tíos lo fue 3 veces y su hermana 4. Él prefirió el fútbol.

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