El valor de pensar en los trabajadores

El viernes se firmó el traspaso de 22 obreros de Supremacía Marina a empresas de El Marisco. 19 a esta firma y 3 a la Pyme Sebastián Gaboto. “Fue una negociación difícil pero Di Leva pensó en nosotros”, dijeron las envasadoras.

A diferencia de otras plantas procesadoras de pescado fresco que cierran y los trabajadores quedan en la calle, en el mejor de los casos indemnizados y en el peor, persiguiendo empresarios que se esfuman del puerto, en Supremacía Marina la historia fue diferente.

Gracias a los trabajadores que pelearon para conservar las fuentes de trabajo, un gremio que acompañó y persuadió a la empresa, y también a Antonio Di Leva, el referente de El Marisco que luego de haber decidido cerrar y desvincular al personal, cambió de opinión y reubicó a un filetero, 9 peones y 12 envasadoras en los otros establecimientos del grupo empresario.

“Valoramos el esfuerzo que hizo (Di Leva) de haber pensado en la gente”, dicen las mujeres en la puerta de la delegación del Ministerio de Trabajo Provincia. Están a punto de subir al primer piso para rubricar el traspaso y todo es entusiasmo.

En la conservera trabajaban 32 personas: los otros 6 se jubilaron y 4 arreglaron una desvinculación con la empresa porque no querían seguir cumpliendo funciones.

La mayoría de las envasadoras ingresó en 2010 cuando Supremacía le cambió de nombre a la fallida Valmar y arrancó en la planta de Cerrito al 1001. “Estos meses fueron durísimos. La última temporada la tuvimos entre septiembre y marzo pero no trabajamos mucho”, recuerda una de las obreras.

La delegada es María Elena Carrara. A los 43 años se vio en la calle y con la urgencia de volver a empezar, volver a buscar trabajo en una industria que no para de expulsar a sus pares a la calle.

“Un día vino Di Leva y nos dijo que cerraría y quedaríamos en la calle. Nos desesperamos porque todos necesitamos del trabajo y el gremio comenzó a gestionar para ver si podía acomodarnos en las otras plantas”, recuerda.

El último intento fue una prueba con langostino pero ni siquiera llegaron a descabezar uno. La materia prima que llegó a la pyme y a El Marisco no era buena y tampoco el producto que se generó.

“Ahí se nos vino el mundo abajo. Seguíamos con el garantizado, 7 mil pesos por mes que no alcanza para nada, y la amenaza del cierre”, aporta otra mujer, rubia con una campera celeste.

El grupo siguió insistiendo junto con un par de dirigentes del sindicato y pudieron torcer la voluntad de Di Leva. La empresa ya tiene más de 100 obreros entre ambas plantas y está tratando de reactivar el nivel de empleo sumando el Sirius 3 y el Marisco 2 como aportantes de merluza.

“Seguimos con muy poco trabajo, es mentira que estemos mejor. Me alegro que hayan podido conservar el laburo pero hay poco para hacer acá”, dijo Fabio Lavaise, delegado.

Las mujeres conservan el optimismo. Creemos que la situación va a mejorar con los barcos pescando. Apostamos a eso, a vivir mejor”, resume la Delegada.

Con el traspaso, fechado al 1 de septiembre pasado, los obreros conservaron su antigüedad. Su nuevo lugar de trabajo es San Salvador 4774. A María Elena no le importa si seguirá siendo delegada. A sus compañeras tampoco tener que insertarse en un nuevo grupo humano, en una nueva planta.

“Lo que nos importa es que pudimos seguir trabajando”, coincidieron antes de subir las escaleras del Ministerio y ponerle la rúbrica a un proceso que tuvo angustias e incertidumbre pero que terminó con un final feliz. Toda una rareza en los últimos tiempos.

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