Bosch: entre los trajes a medida y las manchas al tigre

El Subsecretario de Pesca dicta resoluciones como trajes a medida a las necesidades de José Moscuzza mientras multa a buques fresqueros con normativas que ellos mismos derogaron para habilitar al “José Américo”. Por Roberto Garrone.

Juan Manuel Bosch es la última pieza que se sostiene, al menos por ahora,  en la administración pesquera del gobierno de Cambiemos. Llegó a la función pública como Director Nacional de Coordinación, el segundo de Tomás Gerpe en la Subsecretaría de Pesca.

Las otras patas de esa mesa que llegaba al gobierno para “cambiar las cosas”, hacer cumplir y respetar las normas y garantizaban transparencia en el manejo pesquero la sostenían Ricardo Negri como Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Gerpe renunció a la Subsecretaría y hasta fue despintado del cargo de asesor en la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM) que compartimos con Uruguay y Negri debió conformarse con el premio consuelo al Ministerio de Agroindustria y pasó a dirigir el SENASA.

Bosch avanzó al casillero de subsecretario y lo propio hizo Mauricio Remes Lenicov que dejó de ser el director de Control y Fiscalización. El responsable de las mentiras de Solimeno con la declaración de nototenia en lugar de merluza, y la fiesta de la subdeclaración de la flota fresquera durante el último período del gobierno K, tuvo un reconocimiento un tanto infundado.

La transferencia de cupos de merluza de fresqueros a congeladores, reformulaciones para entrar al langostino aumentando el esfuerzo pesquero,  o la reconversión de barcos fresqueros en congeladores fueron claros ejemplos de que nada había cambiado con el nuevo modelo de gestión pesquero. Ni siquiera las prospecciones al langostino dejaron de estar tarifadas como en los viejos tiempos.

El plan de manejo para el marisco patagónico aprobado por el CFP hace 4 meses con el solo propósito de habilitar el ingreso del tangonero “José Américo” a la pesquería, violando las normativas vigentes en cuanto al tamaño del barco y la potencia del motor, fue la frutilla del postre de una gestión que responde a los intereses particulares de algunas empresas y no vela por la sustentabilidad del principal recurso pesquero que sostiene a toda la industria.

Como si el tigre/gestión de Bosch no tuviese ya suficientes manchas, en los últimos días quedaron en evidencia otras nuevas que hacen del tigre un objeto difícil de distinguir entre tanto barro. Bosch impulsó nuevas medidas de manejo pero de supuesta vigencia retroactiva con el único objetivo de blanquear el hasta entonces ilegal “José Américo”.

A través de la Resolución 171/18 firmada el 5 de septiembre pasado, el Consejo Federal Pesquero derogó la 1113/88 y la 153/2002 que fijaba condiciones para los barcos que quisieran ingresar al langostino y que el nuevo barco de Moscuzza violaba ante el silencio y complicidad de todos los consejeros y funcionarios.

La nueva norma se lleva puesto lo que hasta ahora tenía absoluto consenso. Cuando se hablaba de eslora se refería a la máxima total. El José Américo mide 47, muy por encima de los 39,90 que comprendía la 1113.

El inciso C del Artículo 1 establece que ya no será limitante una eslora total de más de 40 metros, sino de arqueo, una invitación a la libre interpretación de Prefectura.

El D implica una habilitación a todos los barcos  que no cumplían con las Resoluciones 1113 y 153 pero podían pescar langostino. Esta es la puerta de entrada para blanquear al “José Américo”.

Lo que Bosch ni nadie puede explicar es en qué condiciones, con qué autorización de respaldo, pescó el tangonero de Moscuzza desde mayo hasta el 5 de septiembre. Porque si ahora hay plan de manejo, antes no hubo nada y el “José Américo” no dejó de pescar.

Parece que alcanza con ser amigo del Presidente de Boca y que Macri se interese en la suerte del proyecto pesquero para tener semejante impunidad y dejar en ridículo las buenas intenciones de Bosch y compañía al momento de asumir.

En 33 meses el Subsecretario de Pesca ha demostrado estar por debajo de sus antecesores.  Fundamentalmente porque no sabe nada de pesca y se deja manipular por uno que sí sabe mucho como Oscar Fortunato. El problema es que “Cacho” es empleado  de “Pototo”.

El último papelón de Bosch y Remes fue reflejado el viernes por Revista Puerto. Inspectores de Pesca Nación infraccionaron barcos fresqueros en el muelle de Bahía Camarones en julio pasado. Las actas de infracción apuntaron que había un exceso en el peso de los cajones de langostino, aunque los armadores denunciaron que la carga fue pesada sin dejarle sacar el hielo ni fauna acompañante.

En el documento se señala que “en el marco del Artículo 1°, inciso l) de la Resolución N° 153 de fecha 25 de julio de 2002”, se impone la “suspensión preventiva del despacho a la pesca del buque pesquero” por 30 días y una multa de 180.000 pesos. La disposición tiene fecha 14 de septiembre.

La infracción de las autoridades  a los pescadores fue notificada 7 días después que se derogara la resolución por la que se aplicó la multa.  La gestión de Bosch alguna vez se pareció a un tigre. Hoy es imposible distinguirlo de tanto barro que tiene encima.

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