Con langostino se puso de pie la Cooperativa Nueva Arhehpez



En el frigorífico cedido por la empresa de origen chino 52 socios volvieron a procesar materia prima de origen marino después de sobrevivir vendiendo choripán. Costos fijos y el miedo a tercerizar mano de obra.

Para quien contempló las instalaciones del frigorífico vacío, las mesadas de acero inoxidable limpias y las cunitas prolijamente acomodadas sobre una pared, el movimiento de obreros en pleno reproceso de langostino regala imágenes que reconfortan.

Para quien charló con sus trabajadores en el comedor, luego de la toma de sus instalaciones allá por mayo de 2013, ante la falta de pago del empresario de origen chino, con rondas de mate tan eternas como las partidas de naipes; para quien vio la transformación de la sala de descargas en un puesto de choripán sobre la Avenida Champagnat, ver los delantales manchados de color naranja despierta una sonrisa.

“Por fin sacás una foto linda”, le dice una envasadora que embolsa langostino pelado al reportero gráfico que refleja el trabajo en esta mañana helada de invierno. Esa misma mujer, hasta no hace mucho, atendía el puesto de choripán al paso, cuando el proyecto de la cooperativa navegaba en un mar de incertidumbres.

En estos tiempos donde falta el trabajo y el salario garantizado es el denominador común en las plantas de procesamiento de Mar del Plata, la realidad que atraviesa el ex frigorífico Arhehpez, ahora manejado por la cooperativa Nueva Arhehpez, asoma como un pequeño brote verde en medio del desierto.

“Estamos trabajando bastante bien, con merluza y langostino, que aporta la empresa Alimentrade SA y luego ellos comercializan”, dice Juan Narváez, delegado de la empresa cuando todavía era tal y ahora presidente de la cooperativa, que nos recibe en las oficinas que en otros tiempos tuvieron a Ho como figura protagónica.

Los 900 cajones de langostino fresco son procesados en menos de dos días de trabajo por los 60 socios que tiene la cooperativa: 52 fundantes y 8 que se sumaron ahora ante el aumento de la demanda laboral.

Las envasadoras colocan en bolsas langostino IQF, otro grupo de fileteros descabeza langostino de buen tamaño, clasifica las mejores colas y pela las otras. “Cobramos $ 6,50 por kilo de cola, $ 31 pelada y $ 33 devenada. Sale todo con los rótulos de la cooperativa”, destaca Narváez que espera una visita de inspectores de SENASA.

Los costos de producción han subido en los últimos tiempos. La reciente factura de luz llegó a los 300 mil pesos y debieron pagarla en cuotas porque no alcanzaba el dinero después de la inactividad que llegó tras el naufragio del pesquero Rigel.

“Todos entienden la situación y muchas veces se pagan esas obligaciones y después las utilidades que genera la producción”, dice el Presidente, quien reconoce que muchos proveedores tienen miedo de trabajar con ellos por temor a posibles conflictos.

“Nosotros funcionamos con una cooperativa y prestamos servicios en nuestro propio establecimiento. Acá nadie va a reclamar una relación laboral”, subraya el Presidente. En su nuevo rol tiene otras obligaciones aunque cuando se necesita, no duda en calzarse el delantal y trabajar al lado de sus compañeros.

“Con la merluza salimos casi hechos… el langostino nos permite hacer una diferencia”, cuenta el Narváez y un filetero asiente con la cabeza.

Está de pie, parado en uno de los extremos de la sala de trabajo, clasificando, descabezando y pelando langostino. “El que menos hace, produce 350 kilos de cola. Pero hay compañeros que están por arriba de los 500 kilos. En el pelado igual, están los que hacen 120 kilos y los que llegan a 200 kilos”.

Antes de llegar a la salida pasamos por la sala de máquinas donde está en pleno funcionamiento uno de los cuatro equipos que dispone el frigorífico, ensamblado con repuestos de los otros tres que están desactivados.

“Queremos rearmar este motor Mycom, más chico, para poder fabricar hielo y sumar otro servicio para los clientes, y para no consumir tanta luz cuando baje el nivel de actividad”, reconoció el Presidente.

El motor parece una pieza de museo al que un par de mangueras nuevas le confieren una modernidad aparente. Pero se adapta a las necesidades de la cooperativa para seguir avanzando hacia una estabilidad que hoy no es duradera, pero que todos celebran.

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