Homenaje al menemismo: sigue el festival de permisos de pesca

Tabeirón Tres, partícipe de otra triangulación de permisos de pesca.

La Subsecretaría de Pesca ya elevó al Consejo Federal Pesquero el informe sobre dos reformulaciones con las que se pretende convertir al buque Don Santiago en un langostinero y desdoblar el permiso del Tabeirón Tres.

El festival de permisos de pesca que se vivió en la década del noventa dejó una flota sobredimensionada que puso en peligro de colapso a la merluza. Hoy, con métodos similares, la administración PRO de la Subsecretaría de Pesca está haciendo lo mismo en la pesquería de langostino. La reformulación de lanchas amarillas que llevan años sin pescar o que han generado magras capturas, mágicamente aparece en los registros de pesca con volúmenes falsos que harían rever todos los informes publicados por la propia Administración Nacional en los últimos 10 años. Como si ello fuera poco, barcos que han pasado por más de una reformulación transforman inexplicablemente autorizaciones de captura exentas de langostino en autorizaciones para especies no sometidas al Régimen de Cuota, que en la práctica se transforman en langostino. Aquí reflejamos dos casos que tienen el visto bueno del Subsecretario de Pesca y ya fueron girados al Consejo Federal Pesquero: son los proyectos del Don Santiago y el Tabeirón Tres.

Los argumentos esgrimidos por las empresas propietarias de la lancha Nueva Madonna de la Gracia y del barco Don Santiago, son casi altruistas y tienen absoluta concordancia con el discurso que repite públicamente el subsecretario de Pesca, Juan Bosch; aunque, vale decirlo, no reflejan la realidad ni los verdaderos motivos que la impulsan.

En el informe de la Subsecretaría consta que el titular del permiso de pesca de la lancha Nueva Madonna de la Gracia aplicó un “criterio de eficiencia tecnológica y económica para solicitar la baja del buque que a la fecha no alcanza los parámetros mínimos de eficiencia operativa” y que por eso solicita la reformulación del permiso y retiro del caladero, previa cesión del permiso y sus derechos al buque Don Santiago, que aumentará la ocupación de mano de obra, dicen.

“La aprobación de este proyecto se enmarca en la política pesquera aplicada por el CFP, consistente en propiciar y alentar el retiro de embarcaciones del caladero y disminuir el esfuerzo pesquero”, puede leerse en los justificativos del proyecto. Con este argumento falaz se han permitido multiplicar indiscriminadamente el número de barcos en la pesquería de langostino.

Desde hace tiempo se nos quiere hacer creer que se está contribuyendo a la sustentabilidad; pero en realidad existen serias dudas sobre la veracidad del supuesto tonelaje de captura que registraron lanchas cedentes de permiso, que en muchos casos estuvieron inactivas durante largos años, como en este caso. En realidad se está haciendo valer su permiso para aumentar el esfuerzo sobre el langostino.

La lancha Madonna de la Gracia tiene apenas 14 metros de eslora, una bodega de 14 metros cúbicos con permiso irrestricto y realizó su última marea en 2010. Operó desde 1992 a 1997 con periodicidad y luego de forma irregular hasta 2010. Aunque, según el proyecto, la lancha obtuvo significativas capturas de 650 toneladas y es ése el cupo que pretende transferir.

El Don Santiago, un barco fresquero de 26,55 metros con una bodega de 170 metros cúbicos, tiene una autorización de captura de todas las especies con excepción de merluza austral y langostino, pero además cuenta con una cuota de merluza.  Está activo desde 1993 y tiene como promedio de los tres mejores años 1874 toneladas de especies no cuotificadas.

Con esta reformulación se pretende dar de baja la lancha amarilla a favor del Don Santiago, manteniendo intacto el permiso de este último al que se sumarían 650 toneladas de especies no cuotificadas (langostino) provenientes del permiso de la Nueva Madonna de la Gracia. No se explica de dónde surge ese volumen: el historial de captura muestra que el año en que más pescó la lancha fue 2009 y solo registró 369,7 toneladas. En 25 años de actividad solamente en cuatro superó las 300 toneladas, en 12 tuvo no tuvo actividad y en el resto no alcanzó, en la mayoría de los casos, a capturar más de 50 toneladas.

El Caso del Tabeirón Tres es muy curioso. En el año 2010 los propietarios renunciaron a su cupo de langostino en una reformulación con el propósito de adicionarle un cupo de pelágicas que tenía la embarcación Nueva Bienvenida Sea, la cual fue dada de baja. Se terminó aprobando un permiso para el Tabeirón Tres con una autorización de captura para todas las especies de 2.136 toneladas, que obviamente no incluía el langostino por la renuncia voluntaria a dicho cupo para ampliar sus posibilidades de captura.

En 2015 el barco volvió a participar de otra reformulación en la que, a partir del permiso de dos lanchas amarillas (Espíritu Santo y el Pablo I), se le adosó parte del cupo que surgía de sus permisos irrestrictos, 564 toneladas de especies no cuotificadas. En el Acta 36/15 se señala que se modifica la autorización de captura del Tabeirón Tres, “actualmente de 2.136,7 toneladas que no están sometidas al Regimen de CITC a las que se adicionará 564 toneladas de las mismas especies”. No se aclara que su autorización no incluye el langostino.

Ahora, en una nueva presentación, ya se da por hecho que las 2.700,7 toneladas corresponden a especies no sometidas al Régimen de Administración mediante Cuotas, es decir langostino; y con esa base completamente irregular, cede 750 toneladas al barco Insólito y otras 750 toneladas al Pucará, recibiendo a su vez de éstos, 1000 toneladas de todas las especies con excepción de merluza austral y langostino.

Estas son las dos reformulaciones que ya cuentan con informes del subsecretario de Pesca Juan Bosch que las avalan. El desmanejo en la administración pesquera actual no registra antecedentes cercanos. Hay que remontarse a los años noventa y a la corrupción menemista para hallar una situación comparable a la de hoy. Al igual que entonces el gobierno goza de la complicidad de varios sectores de la actividad como cámaras empresarias, gremios y la gran mayoría de los medios de comunicación especializados.

Habrá que mantener al menos la esperanza y saber esperar a que, como sucedió al final del menemismo, otra administración tenga la altura ética de revisar lo que hoy se está haciendo.

Fuente: Karina Fernández, Revista Puerto

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